Nada más natural para quien vive en Alemania y tiene vínculos con México, que comparar el proyecto del gigantesco aeropuerto anunciado por el gobierno mexicano, con el desastre de la terminal aérea de Berlín-Brandenburgo, en la capital alemana. ¿Por qué? El aeropuerto berlinés, como el mexicano, comenzó siendo una promesa con la que mcuhos políticos se vistieron de gala. O eso creían. Porque a medida que fue avanzando la construcción, salieron a relucir tanto fallas del propio proyecto, como corruptelas y negligencias que tienen prácticamente parada la obra, sin que se sepa bien a bien cuándo será terminada -ya no digamos inaugurada- ni cuánto costará.
El fiasco berlinés fue tal, que acabó con la carrera política del alcalde burgomaestre de Berlín, el popular y simpático Klaus Wowereit. El asunto todavía podría cobrar algunas víctimas políticas más.
¿Y qué tiene que ver todo esto con el aeropuerto mexicano? En principio, nada. Pero si revisamos las cifras, por lo menos quedan fundadas preguntas acerca de la viabilidad real de la terminal anunciada por el presidente Enrique Peña Nieto. Dejemos que los números hablen, siempre tomando en cuenta que comparamos una realidad, la berlinesa, con un proyecto en papel, como lo es el mexicano. Tratams de sacar valor a la experiencia.
El fallido aeropuerto berlinés abarca una superficie de 1.470 hectáreas. El mexicano, 4.430; es decir, es tres veces más grande. Primera pregunta: ¿logrará el gobierno mexicano sacar adelante un proyecto de tal dimensión, cuando en otro lugar fracasó uno mucho menor?
La terminar aérea de Berlín-Brandenburgo espera tener capacidad para recibir a 27 millones de pasajeros anuales. El aeropuerto mexicano aspira, con el triple de tamaño, ver pasar a 120 millones de pasajeros cada año; es decir, unas cuatro veces más.
Una cosa en común tienen ambos puertos aéreos. En ninguno se sabe exactamente cuándo será terminado. Para el de Berlín se tiene la fecha tentativa de 2017, pero esto puede cambiar en cualquier momento. Se calcula que cada mes de retraso aumenta de 50 a 60 millones de euros el costo de la obra. ¿Tiene el gobierno mexicano contemplado un plan financiero de contingencia a fin de evitar una explosión de costos como la que se dio en Berlín?
El aeropuerto mexicano verá inaugurada su primera etapa en 2020, si todo sale como lo planean sus promotores. Pero éstos no se han comprometido a dar una fecha para ver completa la obra. ¿Por qué?
La terminal aérea de Berlín iba a costar, según los planes originales, 1.700 millones de euros. Las correcciones obligadas hacen que hoy los costos de la terminal de la capital alemana se ubiquen en cerca de 5.100 millones de euros.En México, la cifra original ya sufrió una rápida y primera corrección: de los 6.742 millones de euros (equivalente en pesos), saltó a cerca e 9.500 millones de euros (equivalente), y eso que la obra ni siquiera ha terminado.
Vistas así las cosas, el del aeropuerto mexicano parece más que un proyecto, una arriesgada apuesta, sobre todo en lo que respecta a la participación de fondos públicos. Pero en vez de dar explicaciones detalladas, el gobierno mexicano se contenta con afirmar que el nuevo aeropuerto "se pagará solo", como si fuese un simple auto usado y no un monumental proyecto.
Para el presidente Peña Nieto no habrá problema, pues de cualquier modo heredará esa papa caliente a su sucesor, y al sucesor de su sucesor. Ellos son los que deberán enfrentarse a las consecuencias reales del anunciado proyecto, si es que éste no fragúa como es debido. Sin prejuzgar de más, y deseando que el nuevo aeropuerto sea todo lo que los mexicanos merecen, y lo que el gobirno pretende, dejo la tabla con las cifras que saqué, a fin de documentar las dudas.

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