lunes, 10 de marzo de 2014

Alemania es un país "normal"

A riesgo de resultar aburrido, dedico unas líneas a aclarar por qué escribo un blog sobre la crisis en Alemania. No es para desacreditar al país en el que vivo, ni para dirimir envidias ni rencores. En muchos sentidos, Alemania me parece una nación increíble, y ciertamente es la que en lo personal me ha abierto las puertas cuando lo he necesitado.

Tampoco pretendo hacer una comparación subliminal con México, mi país natal. Desde hace mucho tiempo caí en cuenta de que, para bien o para mal, Alemania y México son dos planetas diferentes, incomparables uno del otro. Por lo mismo, no caigo en el error común de pensar que uno es mejor.

¿Entonces para qué este blog? Me pareció importante documentar cómo vive este país las secuelas de una crisis que, por desgracia, llegó para quedarse. Puede que las cifras económicas mejoren en algún momento pero las consecuencias generacionales de la crisis financiera y social que comenzó en 2008 son, me temo, permanentes.

En este sentido, es importante el documento de cómo repecture tal proceso histórico en el que se supone es el país más poderoso económicamente en Europa.

Luego, pretendo dejar alguna huella sobre otro proceso paralelo que vive Alemania desde que se echaron a andar las reformas conocidas como Agenda 2010. Con estas comenzó un proceso al que yo llamo de "normalización". Antes, Alemania era una especie de fortaleza a veces inmune a los sucesos y tendencias externos.

Hoy la situación corre en sentido contrario, en muchos aspectos. Menciono algunos: el crecimiento de la brecha entre ricos y pobres, la entronización del consumo como rasgo generacional, la corrupción como fenómeno presente y reconocido en la sociedad y la política alemana, o la banalización de la política.

Documentar ambos procesos es el propósito de este blog. Así de ambicioso, y así de sencillo.

No necesito elaborar más pues el resto, espero, lo seguirán leyendo en las siguientes  entregas.